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miércoles, 10 de septiembre de 2025

Paquete Entregado

Costa de Somerset. 17/06/1938. 

El olor a salitre y a gasóleo era mi compañero constante en las noches de la costa galesa. No había lujos en el Leningrado un pesquero artillado.  Mi nombre es Thomas, y soy un marinero inglés en una guerra que no era la mía, al menos no directamente. A bordo, sin embargo, la causa de la República Socialista de Milford Haven se sentía tan real como el frío de la cubierta.

Mi misión era clara, aunque descabellada: desembarcar a Santiago Carrillo en la costa de Somerset. La noche era perfecta para ello. El destructor Jose Luis Díez había salido de puerto para atraer la mirada de los espías y de la aviación enemiga.   El mar, normalmente un viejo gruñón en esta época del año, estaba en calma, casi como un espejo. Una gruesa manta de nubes nos cubría, un regalo de los cielos para ocultarnos de los ojos de tropas enemigas que solían patrullar por aquí. Sin embargo, en el océano, todo lo que te protege, también te puede traicionar.


Mientras nos acercabamos a la costa, una sombra se perfilaba en la neblina. En un instante, el pitido de la alarma nos sacó de nuestra tranquila aproximación. Los faros del barco alemán se encendieron, y pudimos ver una torpedera de clase Schnellboot, un fantasma del mar que nos había estado acechando. Carrillo, con su maletín en la mano, no dudó. "¡Déjenme en la costa!", chapurreo en inglés mientras se lanzaba al agua. "¡Mi deber es llegar a la orilla!"


Ambos navíos abrieron fuego. Los cañones de nuestro pesquero, soltaron una llamarada y un estruendo ensordecedor. El agua a nuestro alrededor se llenó de salpicaduras y explosiones. Un proyectil alemán impactó en nuestro flanco, dañando la posición del artillero delantero y dejando un rastro de humo negro a su paso. Nosotros, sin embargo, logramos impactar en el puente de mando de la torpedera alemana, que giró bruscamente, como un animal herido, habíamos alcanzado su sistema de navegación, parecía que su timón estaba roto. 


Mientras el humo se disipaba, pude ver a Carrillo en la orilla, agitando la mano en señal de despedida. Me sentí aliviado al ver que había llegado a tierra. Los fascistas, con su nave dañada y sin capacidad de maniobra, rompieron el contacto y se perdieron en la niebla. Nosotros, con nuestro barco maltrecho y la sala de máquinas hecha un caos, pusimos rumbo a puerto. La misión estaba cumplida. Volvimos a nuestra base, tocados, pero victoriosos, con la certeza de que habíamos hecho lo correcto.



sábado, 6 de septiembre de 2025

Salida fallida

Milford Heaven. 17/06/1938. 

 El aire salobre de la tarde era una brisa agradable, pero para el marinero Antonio, era la calma antes de la tormenta. De pie en la cubierta del destructor español, sus ojos se perdieron en el vasto oceano, el horizonte inmutable. El silencio fue interrumpido por el chirrido de la radio. “Aviones enemigos, a las 11”, se escuchó una voz con acento andaluz.



Antonio miró a la distancia, y de las nubes emergieron como fantasmas unos cuantos puntos oscuros. A medida que se acercaban, se distinguieron las siluetas inconfundibles de los Messerschmitt Bf-109. Su rugido era un lamento de muerte, un presagio de lo que estaba por venir. El destructor se llenó de un frenesí controlado. Las sirenas aullaron y las ametralladoras de 7 mm cobraron vida, apuntando al cielo.



Los Bf-109, como halcones, se lanzaron en picada, abriendo fuego con sus ametralladoras. Las balas de los cazas enemigos golpearon la cubierta, haciendo saltar esquirlas de metal. Antonio se agachó mientras el sonido de los impactos se intensificaba, pero sus ojos estaban fijos en la dirección de los aviones. La artillería antiaérea respondió con una furia implacable, creando una cortina de plomo en el cielo. Uno de los Bf-109 giró bruscamente, el humo negro saliendo de su motor. Lograron dañarlo ligeramente, pero no derribarlo.

Entonces, aparecieron. Dos siluetas masivas, más lentas y más mortíferas. Eran los bombarderos, uno de ellos un Stuka, un conocido por su sirena de la muerte, y el otro un Bristol Blenheim.  Ambos se alinearon para el ataque. El Stuka, con su característico lamento, se lanzó en picada. El fuego antiaéreo era incesante, pero la habilidad del piloto del bombardero era letal. La bomba que soltó del Stuka golpeó la proa del buque. La explosión sacudió el destructor, y una columna de humo y agua se elevó.

El segundo bombardero también dejó caer su carga explosiva, que impactó en el centro del navío. Otro estallido, y el buque se inclinó bruscamente. Antonio se aferró a una barandilla, sintiendo el impacto en todo su cuerpo.

Sin embargo, el segundo bombardero no escapó ileso. El cañón antiaéreo del destructor lo alcanzó de lleno. Una enorme explosión en el aire, y el bombardero se sacudió violentamente, perdiendo altitud rápidamente. Aunque no se desintegró, un rastro de humo negro y fuego salía de su motor, y se perdió en el horizonte, con daños de importancia.

El destructor, sin embargo, se mantuvo a flote. Antonio se puso de pie, su corazón latiendo con fuerza. Habían sobrevivido al ataque, pero el precio había sido alto. El barco giró 180 grados, volviendo a su puerto de origen. La primera salida del destructor había durado poco. 


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Fuerzas realistas 15 PV

Marina RMSH 10 PV

viernes, 15 de marzo de 2024

BREAKOUT!

11/06/1938.- En algún lugar de la costa de Somerset. 

 El doctor de la torpedera fue capturado durante la noche anterior y ahora está prisionero en el campamento del BUF. ¿Podremos liberarlos del cautiverio antes de que sea demasiado tarde y se lo lleven a Bridgwater? Se preguntaba Carter.


Al caer la noche el grupo se acercó al campamento del BUF, su plan era sencillo, introducirse en la base enemiga y rescatar a su camarada.

Pero la cosa no empezó nada bien, al acercarse  uno de los mecánicos, se torció un tobillo y Carter le ordeno  que se retirara a un lugar seguro.


Carter y el primer mecánico se introdujeron en el campamento, la noche y la poca pericia de los centinelas hizo que pudieran avanzar sin problemas escondidos entre las tiendas de campaña.

Mientras buscaba vio un cuaderno de cuero, tendrá algo importante, le vino a su mente el código 237.



En ese momento vio atado al doctor junto a unas cajas, por lo que aprovecho que los centinelas se alejaban para correr hacia él y desatarlo. 
-Nos vamos. ¿Estás bien?
El doctor asintió.


Mientras avanzaba el mecánico, una voz surgió de entre la maleza, parecía de una niña.
- ¿Que hacéis aquí? Sois los del barco raro, ¿No? Vuestro amigo está bien 

- Sí, como lo sabes ...

- Por lo que veo sois enemigos de los soldados,  os ayudaré. 

El mecánico miraba extrañado a la joven niña. Cuando se giro al oír unos pasos que se acercaban.

- No te preocupes, es la cocinera lleva borracha un buen rato. No reconoce a nadie.
Vamos....

Ambos avanzaron a su encuentro. Tras hablar con ella y comprobar que le costaba mantenerse en pié. La niña le cogió una bolsa de tela que llevaba y el mecánico aprovecho para robarle su pistola mientras la dejaban apoyada en un árbol.

-Venga, que ya tenemos la cena, y tus compañeros te estarán esperando. 




A los pocos minutos se juntaron los cinco personajes, la niña les condujo a una pequeña choza en el bosque, allí cenaron con el botín que acababan de conseguir.

La niña les explicó quien era, tras un rato de  conversación le preguntaron que era el código 237, ella no sabía nada. 
Pero les dijo que Reneé igual podía ayudarles a encontrar ese código y a volver a su casa.
Cuando todos dormían Carter decidió ver el cuaderno....

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Tripulación:

J. Carter, el doctor Dalton, y los mecánicos Drake(allied) y Folder(Follower) y la niña E. Hardy

+2 Investigación (4)

+  3 Puntos de Reputación (6)

Botín: un diario con encuadernación de cuero y un revolver .38