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sábado, 28 de febrero de 2026

La Sombra en Combwich

 18/06/1938. Puerto de Combwich

Los hombres de la patrulla del BUF encontraron el cuerpo en la calle. Era uno de los suyos.

Mientras el caos se apoderaba del muelle —gritos, forcejeos y el sonido de las porras contra las costillas de borrachos y carteristas que el resto del destacamento intentaba reducir—, el líder de la patrulla y su segundo se aislaron en una burbuja de horror gélido junto al cadáver.

El cuerpo estaba fresco, con el calor de la vida aún negándose a abandonar la carne. No había lógica en aquello: la patrulla apenas había llegado al puerto. ¿Por qué se había alejado tanto su hombre? ¿A qué se había enfrentado?

El líder se puso en pie, con la mandíbula tensa, y señaló un rastro: gotas de sangre, oscuras y viscosas, que se alejaban de la orilla y serpenteaba hacia las calles sombrías de Combwich. A pocos metros, en la penumbra de un callejón, un hombre estaba de pie, esperando.

—Señor —susurró el segundo de la patrulla, con la voz quebrada por una revelación que desafiaba la razón—. Mírelo. No tiene ni una sola mancha en el pantalón.

Era cierto. El rastro de sangre que habían seguido nacía del cadáver, pero el hombre frente a ellos estaba inmaculado. Demasiado limpio.

Antes de que pudieran desenvainar sus armas reglamentarias, el desconocido hizo un movimiento fluido, casi imperceptible. Un cuchillo apareció en su mano como una extensión de su propia voluntad. La escaramuza fue corta, brutal y extrañamente silenciosa.

El desconocido no peleaba como un borracho ni como un ladrón; se movía con la precisión de un verdugo que conoce la anatomía del miedo.

En cuestión de segundos, los dos miembros del BUF cayeron, sus gargantas abiertas con una pericia que dejó de ser humana.



El asesino, sin dignarse a limpiar su hoja, se perdió de nuevo en el vaho de Combwich, dejando tres cuerpos sin vida en el puerto y un misterio que la marea jamás lograría borrar.

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Descontento en Combwich: +12

Material perdido por el BUF: 2 Pistola automáticas

Miembros del BUF muertos: 3

Detenciones: Un borracho, un carterista y un comerciante enfadado


lunes, 8 de diciembre de 2025

Niebla y Granadas

 18/06/1938. Fiddignton

La niebla que se aferraba a la carretera de la costa como una tela de araña mojada, densa y fría había empezado a desvanecerse.

El cabo Miller, un hombre de rostro adusto y curtido, lideraba la patrulla de cuatro hombres del Regimiento de Wiltshire.

 La paz pendía de un hilo, y cualquier cosa fuera de lo común en esta tranquila campiña era motivo de alerta.

"Ahí están", murmuró Jenkins, señalando un seto junto al camino donde unas cajas de madera estaban apiladas de forma descuidada.

Cerca de las cajas, un hombre alto con una gabardina empapada fumaba nerviosamente, observando el horizonte. Cuando el Miller dio la orden de avanzar, el hombre de la gabardina tiró el cigarrillo al suelo y echó a correr como si el diablo lo persiguiera.

"¡Quieto o disparo!", gritó Miller, pero el hombre desapareció en la muchedumbre antes de que pudieran apuntar. La huida, rápida y decidida, aumentó la tensión en el grupo y el descontento en la población que observaba atónita la escena.

Mientras tanto, otro individuo, intentó deslizarse tras un verja de mimbre cercana.

"¡Smith, a por él!", ordenó Miller.

El soldado Smith, joven y rápido, corrió hacia el sospechoso. Tras un breve forcejeo, Smith inmovilizó al hombre. "Lo tengo, Sargento. Está inmovilizado". El sospechoso, mudo y tembloroso, fue esposado.

Miller se acercó a las cajas. Con cautela, él y Jenkins las abrieron. No estaban vacías. Dentro, cubiertas con trapos sucios y unas viejas herramientas, encontraron un par de granadas de mano de fabricación desconocida. Una prueba contundente de que algo turbio se cocinaba en el canal.

Justo en ese momento, un hombre vestido de clérigo,todo vestido de negro,  apareció caminando por el camino, directo hacia las cajas, aparentemente ajeno a todo el revuelo. Parecía un sacerdote que volvía de visitar a un enfermo.

"¡Alto ahí, Padre!", le gritó el  soldado Williams.

Pero el sacerdote no se detuvo. En un movimiento inesperado y veloz, el hombre metió la mano en su chaqueta y sacó una pistola Luger. El estampido resonó en la bruma. El soldado Williams cayó al suelo, gritando y agarrándose el hombro.

El falso sacerdote intentó retirarse, pero Miller y Jenkins reaccionaron al instante. Dispararon dos veces. Los disparos impactaron en el torso del hombre, que cayó desplomado sobre la hierba mojada, su sangre esparciéndose a su alrededor como una mancha de tinta.

Mientras Smith atendía al soldado Williams, herido pero vivo, Miller miró al sospechoso detenido y luego hacia el camino por donde había huido el primer hombre. La patrulla había logrado detener a un individuo y neutralizar una amenaza inmediata, pero el reguero de sangre, las granadas y la sensación de que alguien importante había escapado, no contribuían en absoluto a la sensación de seguridad en la brumosa campiña de Somerset.

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Descontento en Fidiggton: +2

Material recuperado: 1 Pistola Luger, 2 granadas de mano

Guarnición en Fidiggton: Cabo Miller, Williams(herida ligera), Smith. Jenkins

Bajas del Somerset Free Fighter; Una baja y un detenido.