sábado, 17 de octubre de 2026

Los Luchadores por la Libertad de Somerset: La Compañía A

 Los Luchadores por la Libertad de Somerset (SFF)  están dirigidos por un comité en el que cada comandante de compañía tiene voz y voto; a este órgano de mando se le conoce popularmente como "Los Abuelos". Esta facción lleva combatiendo a la Iglesia mucho más tiempo que la B.U.F., por lo que su postura es inflexible: no harán ningún trato con los hombres del Obispo.

Inteligencia y Recursos
La Red de Espionaje: Poseen la mejor red de inteligencia de todo Somerset. Dick Skaggs, conocido como "El Padrino", ha trabajado incansablemente para mantenerla y optimizarla. Gracias a su labor, han conseguido compensar su escasez de efectivos, fondos económicos y armas pesadas. Toda información que provenga de él es completamente fiable. Movilizando varias compañías de milicianos. 

CT: Es el comandante de la Compañía 'A' de los Luchadores por la Libertad de Somerset y forma parte activa de ese liderazgo colectivo.

Capitán James:  "Los Abuelos" no cederán ni un palmo de terreno ante los lacayos de la bota negra. Que el BUF vigile bien sus espaldas en los caminos de Weston y Bristol; cada kilómetro de asfalto va a costarles sangre. No negociamos con el Obispo ni con sus perros fascistas. ¡Mantened las posiciones y preparad el material, muchachos; la hora de estrangularlos ha llegado!


Objetivos y Odios
El Obispo de Bath y Wells: Lo odian a rabiar. Su destrucción es el propósito común que une a la facción, y harán todo lo que esté en su mano para acabar con él. 
Pero el consejo ha decidido que ahora es tiempo de estrangular al BUF, recuperar Weston y tener una salida al mar que podría mejorar la llegada de suministros.  

Frank Wilde: Líder de la Milicia

Frank Wilde está al mando de una milicia independiente de la BUF con base en Weston-super-Mare. Cuando levantó las armas, jamás pensó que cruzaría el camino de Lord Winterfield, líder del BUF en Somerset,  pero este se lo tomó como un asunto personal. Hasta ahora, Frank ha demostrado su valía realizando los trabajos más difíciles y turbios para "Su Señoría".


Sus Alianzas y Enemigos
El Mayor Dunbar: Líder de la guarnición de Bristol, con quien Frank ha forjado una valiosa amistad. Si las cosas se complican, es muy probable que pueda echarle una mano desde su posición.

El Obispo de Bath y Wells: Frank lo odia a rabiar. Destruyó su vida en Bath y lo obligó al exilio, por lo que hará todo lo que esté en su mano para ver su caída.

Capitán J. Booth B.U.F
La carretera entre Weston-super-Mare y Bristol es la línea vital para las milicias del BUF, y los partisanos de la SFF lo saben muy bien. El Capitán había encontrado otro cuerpo en la calle de Weston-super-Mare; la milicia se estaba moviendo en las sombras. Siempre vigilante que sus hombres tengan los fusiles listos y el dedo en el gatillo, sabe que nadie debe cruzar el perímetro defensivo sin pagarlo caro. 

La Situación Actual
La guerra es el infierno, y un ejército marcha sobre su estómago. Las raciones escasean desde hace dos semanas, y el hambre ha comenzado a derrumbar la moral de toda la compañía, debido a los ataques del SFF a las líneas de suministros. 
Su prioridad absoluta en este momento es mantener abierta y segura la carretera entre Weston- super-Mare y Bristol, una línea vital que no se pueden permitir perder.

viernes, 17 de julio de 2026

¡¡Stukas!!

THE MILFORD HAVEN HERALD

 ¡NUESTROS AGUILUCHOS ROJOS HACEN HUIR A LA LUFTWAFFE EN LOS CIELOS DE PEMBROKESHIRE!

¡Proletarios del mundo, uníos! — Edición Especial de la Tarde. Precio: 1 Penique

Dos bravos pilotos de la Milicia Popular emboscan a una escuadrilla fascista sobre el estuario. 

El Comandante M. Brown y su compañero salvan a la República de un bombardeo criminal.

Milford Haven, 18 de Julio.

Esta mañana, los cielos de nuestra libre República Socialista fueron testigos de una de las mayores hazañas de la aviación obrera desde el inicio de esta guerra contra el usurpador Eduardo y sus aliados extranjeros. Dos de nuestros biplanos de la Milicia, máquinas robustas mantenidas gracias al incansable esfuerzo de los mecánicos de los astilleros locales, lograron poner en fuga a una formación técnicamente superior de la Luftwaffe nazi, enviada por Berlín para apoyar a las hordas reaccionarias.


Una Emboscada Perfecta desde las Nubes

Bajo el mando del audaz Comandante M. Brown, y con el segundo aparato pilotado por el intrépido Camarada Atkins, nuestra patrulla aérea patrullaba el cielo de la República cuando detectaron las siluetas del enemigo. En una flagrante inferioridad numérica y con aparatos notablemente más lentos, cualquier militar de la vieja escuela habría evitado el combate. Pero el motor que impulsa a nuestros pilotos no es la fría doctrina, sino el fuego de la revolución.

Aprovechando la cobertura que ofrecía el denso manto de nubes británicas, se lanzaron en un picado vertical absoluto. El cielo se llenó de trazadoras. 

Tras un breve pero feroz intercambio de ráfagas contra los cazas de escolta alemanes —que quedaron completamente desconcertados por la audacia del ataque—, los dos pilotos socialistas fijaron sus ojos en el verdadero peligro: un bombardero Stuka, un monstruo diseñado para asesinar civiles, que ya se adentraba en los cielos de la República.

Ignorando el fuego de los cazas de escolta, concentraron el fuego de sus ametralladoras en el Stuka. El plomo proletario desgarró el fuselaje del bombardero nazi, del cual comenzó a brotar una densa columna de humo negro. Los daños infligidos al invasor fueron severos.

Con el objetivo principal cumplido y el enemigo castigado, el Comandante M. Brown demostró por qué es uno de nuestros mejores estrategas. Al percatarse de que los cazas alemanes —aprovechando una maniobrabilidad espuria basada únicamente en los millones de los capitalistas de Krupp— intentaban ponerse a su cola, Brown ordenó una ruptura impecable del combate.

Nuestros pilotos ejecutaron una maniobra de repliegue táctico perfecta, dejando atrás a los frustrados pilotos de Hitler dando vueltas en el aire, temerosos de volver a internarse en nuestro territorio.

¡La Victoria es Nuestra!

La prensa burguesa de Bristol intentará minimizar este encuentro, pero la verdad brilla en el cielo: dos lentos aviones obreros, armados con la verdad y el coraje, detuvieron a la maquinaria de guerra más moderna de Europa. El cielo de Milford Haven sigue siendo libre, soberano y socialista.

¡Honor a los Camaradas! ¡No Pasarán!


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RMSH:14 PV

Staffel Dragon: 4 PV


sábado, 28 de febrero de 2026

La Sombra en Combwich

 18/06/1938. Puerto de Combwich

Los hombres de la patrulla del BUF encontraron el cuerpo en la calle. Era uno de los suyos.

Mientras el caos se apoderaba del muelle —gritos, forcejeos y el sonido de las porras contra las costillas de borrachos y carteristas que el resto del destacamento intentaba reducir—, el líder de la patrulla y su segundo se aislaron en una burbuja de horror gélido junto al cadáver.

El cuerpo estaba fresco, con el calor de la vida aún negándose a abandonar la carne. No había lógica en aquello: la patrulla apenas había llegado al puerto. ¿Por qué se había alejado tanto su hombre? ¿A qué se había enfrentado?

El líder se puso en pie, con la mandíbula tensa, y señaló un rastro: gotas de sangre, oscuras y viscosas, que se alejaban de la orilla y serpenteaba hacia las calles sombrías de Combwich. A pocos metros, en la penumbra de un callejón, un hombre estaba de pie, esperando.

—Señor —susurró el segundo de la patrulla, con la voz quebrada por una revelación que desafiaba la razón—. Mírelo. No tiene ni una sola mancha en el pantalón.

Era cierto. El rastro de sangre que habían seguido nacía del cadáver, pero el hombre frente a ellos estaba inmaculado. Demasiado limpio.

Antes de que pudieran desenvainar sus armas reglamentarias, el desconocido hizo un movimiento fluido, casi imperceptible. Un cuchillo apareció en su mano como una extensión de su propia voluntad. La escaramuza fue corta, brutal y extrañamente silenciosa.

El desconocido no peleaba como un borracho ni como un ladrón; se movía con la precisión de un verdugo que conoce la anatomía del miedo.

En cuestión de segundos, los dos miembros del BUF cayeron, sus gargantas abiertas con una pericia que dejó de ser humana.



El asesino, sin dignarse a limpiar su hoja, se perdió de nuevo en el vaho de Combwich, dejando tres cuerpos sin vida en el puerto y un misterio que la marea jamás lograría borrar.

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Descontento en Combwich: +12

Material perdido por el BUF: 2 Pistola automáticas

Miembros del BUF muertos: 3

Detenciones: Un borracho, un carterista y un comerciante enfadado


lunes, 8 de diciembre de 2025

Niebla y Granadas

 18/06/1938. Fiddignton

La niebla que se aferraba a la carretera de la costa como una tela de araña mojada, densa y fría había empezado a desvanecerse.

El cabo Miller, un hombre de rostro adusto y curtido, lideraba la patrulla de cuatro hombres del Regimiento de Wiltshire.

 La paz pendía de un hilo, y cualquier cosa fuera de lo común en esta tranquila campiña era motivo de alerta.

"Ahí están", murmuró Jenkins, señalando un seto junto al camino donde unas cajas de madera estaban apiladas de forma descuidada.

Cerca de las cajas, un hombre alto con una gabardina empapada fumaba nerviosamente, observando el horizonte. Cuando el Miller dio la orden de avanzar, el hombre de la gabardina tiró el cigarrillo al suelo y echó a correr como si el diablo lo persiguiera.

"¡Quieto o disparo!", gritó Miller, pero el hombre desapareció en la muchedumbre antes de que pudieran apuntar. La huida, rápida y decidida, aumentó la tensión en el grupo y el descontento en la población que observaba atónita la escena.

Mientras tanto, otro individuo, intentó deslizarse tras un verja de mimbre cercana.

"¡Smith, a por él!", ordenó Miller.

El soldado Smith, joven y rápido, corrió hacia el sospechoso. Tras un breve forcejeo, Smith inmovilizó al hombre. "Lo tengo, Sargento. Está inmovilizado". El sospechoso, mudo y tembloroso, fue esposado.

Miller se acercó a las cajas. Con cautela, él y Jenkins las abrieron. No estaban vacías. Dentro, cubiertas con trapos sucios y unas viejas herramientas, encontraron un par de granadas de mano de fabricación desconocida. Una prueba contundente de que algo turbio se cocinaba en el canal.

Justo en ese momento, un hombre vestido de clérigo,todo vestido de negro,  apareció caminando por el camino, directo hacia las cajas, aparentemente ajeno a todo el revuelo. Parecía un sacerdote que volvía de visitar a un enfermo.

"¡Alto ahí, Padre!", le gritó el  soldado Williams.

Pero el sacerdote no se detuvo. En un movimiento inesperado y veloz, el hombre metió la mano en su chaqueta y sacó una pistola Luger. El estampido resonó en la bruma. El soldado Williams cayó al suelo, gritando y agarrándose el hombro.

El falso sacerdote intentó retirarse, pero Miller y Jenkins reaccionaron al instante. Dispararon dos veces. Los disparos impactaron en el torso del hombre, que cayó desplomado sobre la hierba mojada, su sangre esparciéndose a su alrededor como una mancha de tinta.

Mientras Smith atendía al soldado Williams, herido pero vivo, Miller miró al sospechoso detenido y luego hacia el camino por donde había huido el primer hombre. La patrulla había logrado detener a un individuo y neutralizar una amenaza inmediata, pero el reguero de sangre, las granadas y la sensación de que alguien importante había escapado, no contribuían en absoluto a la sensación de seguridad en la brumosa campiña de Somerset.

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Descontento en Fidiggton: +2

Material recuperado: 1 Pistola Luger, 2 granadas de mano

Guarnición en Fidiggton: Cabo Miller, Williams(herida ligera), Smith. Jenkins

Bajas del Somerset Free Fighter; Una baja y un detenido. 


jueves, 25 de septiembre de 2025

Encuentro entre las nubes

Gales, 18/06/1938. 

 El cielo era una sinfonía de grises, un lienzo en blanco interrumpido solo por la ocasional bruma de las nubes. A los mandos de su Hurricane, Graham se sentía en casa. Lideraba la escuadrilla, formada por él y su camarada, Mc Donall, la sombra de su ala. Su misión era sencilla: patrullar y esperar. Pero la guerra nunca es sencilla.

De repente, dos BF-109 emergieron de la nada, dos depredadores que salieron de la neblina. Eran las Águilas de la Luftwaffe, y no había lugar para esconderse. Graham se preparó.


 No habría una persecución lenta, un juego del gato y el ratón. Esto sería un choque frontal, un duelo de voluntades y balas.

"¡A mi señal!" gritó por el intercomunicador, su voz tranquila a pesar de la adrenalina.

Graham apretó el gatillo, el sonido de las ametralladoras ensordeciendo el ambiente. Las balas, como un enjambre de avispas furiosas, se dirigieron hacia el enemigo. Los alemanes también abrieron fuego. El tiempo se ralentizó. Las trazadoras rojas de los BF-109 se acercaban peligrosamente. Graham sintió un golpe, el fuselaje de su Hurricane se estremeció. Los impactos de bala se sintieron como puñetazos de un gigante. A su lado, su compañero recibió un impacto similar, su avión tambaleándose ligeramente.

A pesar de los daños, Graham y su camarada lograron virar. La segunda pasada sería definitiva. 


Graham apuntó con cuidado, su mira fija en el motor del BF-109 de la derecha. Disparó. Las balas encontraron su objetivo, y el BF-109 empezó a soltar una columna de humo negro.

El piloto alemán, rompió la formación y se dirigió a la seguridad de las nubes. Su compañero, el otro BF-109, lo siguió de cerca, dándole cobertura. Era el final del combate

 Los dos aviones alemanes desaparecieron en el manto de nubes, dejando atrás un rastro de humo. Graham se miró, la adrenalina desapareciendo. Las heridas de su avión eran superficiales, nada que no se pudiera arreglar. Pero la imagen del BF-109 herido huyendo se le quedó grabada en la retina.

La moral del escuadrón aumentaría después de este combate. 

martes, 16 de septiembre de 2025

Fotos aéreas

 Costa de Somerset, 18/06/1938. Antes del amanecer.

El salitre se pegaba a la piel de Santiago al salir de la helada agua de la costa de Somerset. La niebla lo envolvía, un sudario de humedad que le hacía temblar. Una figura se materializó de la oscuridad. "Nigel Thorne", dijo el hombre, extendiendo la mano. Santiago, con un inglés decente aunque lento, respondió: "Santiago Carrillo. Gracias. Un gran placer conocerle, Camarada Thorne".

Nigel lo condujo por un sendero estrecho hasta una granja de piedra oculta. El calor de la chimenea era un bálsamo, un punto donde secarse. Dentro, los rostros de sus compañeros, iluminados por la lumbre, se encendieron al verlo. Se abrazaron. Santiago, aliviado, dejó en el suelo su maletin.

"Confirmo las sospechas. Un submarino", dijo Nigel, señalando un mapa. "Los pescadores tienen miedo. Dicen que está cerca de la costa".

"Yes", respondió Santiago. Abrió el maletín y sacó unas fotos, las cuales deslizó sobre la mesa. No eran fotos de la estela de un torpedo o de un tibio periscopio, sino de la cubierta de un submarino. Se podía ver un cañón de proa. 

"El submarino creemos que está manejando por miembros del B.U.F., y se aprecia un oficial nazi, que suponemos que es asesor"

Nigel se inclinó, con los ojos fijos en las imágenes. "Sí. Esto confirma mi sospecha. Está aquí, escondido en el canal y sabemos donde". La voz de Nigel era grave, pero la emoción era palpable. Era como si un fantasma se hubiera hecho tangible.

De su maletin, Santiago sacó  cartuchos de dinamita y unos temporizadores. Nigel los miró, luego miró a Santiago.  Lo que había en la mochila de Carrillo, confirmaba la audacia de su misión. Era momento de atacar, pero había que preparar el plan con detenimiento.

 Santiago pensó que la guerra no se había quedado en España, sino que los había seguido hasta la tranquila campiña inglesa. La botella de ginebra y el cartón de tabaco eran para el brindis final, para la victoria o para el fracaso.