viernes, 17 de julio de 2026

¡¡Stukas!!

THE MILFORD HAVEN HERALD

 ¡NUESTROS AGUILUCHOS ROJOS HACEN HUIR A LA LUFTWAFFE EN LOS CIELOS DE PEMBROKESHIRE!

¡Proletarios del mundo, uníos! — Edición Especial de la TardePrecio: 1 Penique

Dos bravos pilotos de la Milicia Popular emboscan a una escuadrilla fascista sobre el estuario. 

El Comandante M. Brown y su compañero salvan a la República de un bombardeo criminal.

Milford Haven, 18 de Julio.

Esta mañana, los cielos de nuestra libre República Socialista fueron testigos de una de las mayores hazañas de la aviación obrera desde el inicio de esta guerra contra el usurpador Eduardo y sus aliados extranjeros. Dos de nuestros biplanos de la Milicia, máquinas robustas mantenidas gracias al incansable esfuerzo de los mecánicos de los astilleros locales, lograron poner en fuga a una formación técnicamente superior de la Luftwaffe nazi, enviada por Berlín para apoyar a las hordas reaccionarias.


Una Emboscada Perfecta desde las Nubes

Bajo el mando del audaz Comandante M. Brown, y con el segundo aparato pilotado por el intrépido Camarada Atkins, nuestra patrulla aérea patrullaba el cielo de la República cuando detectaron las siluetas del enemigo. En una flagrante inferioridad numérica y con aparatos notablemente más lentos, cualquier militar de la vieja escuela habría evitado el combate. Pero el motor que impulsa a nuestros pilotos no es la fría doctrina, sino el fuego de la revolución.

Aprovechando la cobertura que ofrecía el denso manto de nubes británicas, se lanzaron en un picado vertical absoluto. El cielo se llenó de trazadoras. 

Tras un breve pero feroz intercambio de ráfagas contra los cazas de escolta alemanes —que quedaron completamente desconcertados por la audacia del ataque—, los dos pilotos socialistas fijaron sus ojos en el verdadero peligro: un bombardero Stuka, un monstruo diseñado para asesinar civiles, que ya se adentraba en los cielos de la República.

Ignorando el fuego de los cazas de escolta, concentraron el fuego de sus ametralladoras en el Stuka. El plomo proletario desgarró el fuselaje del bombardero nazi, del cual comenzó a brotar una densa columna de humo negro. Los daños infligidos al invasor fueron severos.

Con el objetivo principal cumplido y el enemigo castigado, el Comandante M. Brown demostró por qué es uno de nuestros mejores estrategas. Al percatarse de que los cazas alemanes —aprovechando una maniobrabilidad espuria basada únicamente en los millones de los capitalistas de Krupp— intentaban ponerse a su cola, Brown ordenó una ruptura impecable del combate.

Nuestros pilotos ejecutaron una maniobra de repliegue táctico perfecta, dejando atrás a los frustrados pilotos de Hitler dando vueltas en el aire, temerosos de volver a internarse en nuestro territorio.

¡La Victoria es Nuestra!

La prensa burguesa de Bristol intentará minimizar este encuentro, pero la verdad brilla en el cielo: dos lentos aviones obreros, armados con la verdad y el coraje, detuvieron a la maquinaria de guerra más moderna de Europa. El cielo de Milford Haven sigue siendo libre, soberano y socialista.

¡Honor a los Camaradas! ¡No Pasarán!


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RMSH:14 PV

Staffel Dragon: 4 PV


sábado, 28 de febrero de 2026

La Sombra en Combwich

 18/06/1938. Puerto de Combwich

Los hombres de la patrulla del BUF encontraron el cuerpo en la calle. Era uno de los suyos.

Mientras el caos se apoderaba del muelle —gritos, forcejeos y el sonido de las porras contra las costillas de borrachos y carteristas que el resto del destacamento intentaba reducir—, el líder de la patrulla y su segundo se aislaron en una burbuja de horror gélido junto al cadáver.

El cuerpo estaba fresco, con el calor de la vida aún negándose a abandonar la carne. No había lógica en aquello: la patrulla apenas había llegado al puerto. ¿Por qué se había alejado tanto su hombre? ¿A qué se había enfrentado?

El líder se puso en pie, con la mandíbula tensa, y señaló un rastro: gotas de sangre, oscuras y viscosas, que se alejaban de la orilla y serpenteaba hacia las calles sombrías de Combwich. A pocos metros, en la penumbra de un callejón, un hombre estaba de pie, esperando.

Señor —susurró el segundo de la patrulla, con la voz quebrada por una revelación que desafiaba la razón—. Mírelo. No tiene ni una sola mancha en el pantalón.

Era cierto. El rastro de sangre que habían seguido nacía del cadáver, pero el hombre frente a ellos estaba inmaculado. Demasiado limpio.

Antes de que pudieran desenvainar sus armas reglamentarias, el desconocido hizo un movimiento fluido, casi imperceptible. Un cuchillo apareció en su mano como una extensión de su propia voluntad. La escaramuza fue corta, brutal y extrañamente silenciosa.

El desconocido no peleaba como un borracho ni como un ladrón; se movía con la precisión de un verdugo que conoce la anatomía del miedo.

En cuestión de segundos, los dos miembros del BUF cayeron, sus gargantas abiertas con una pericia que dejó de ser humana.



El asesino, sin dignarse a limpiar su hoja, se perdió de nuevo en el vaho de Combwich, dejando tres cuerpos sin vida en el puerto y un misterio que la marea jamás lograría borrar.

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Descontento en Combwich: +12

Material perdido por el BUF: 2 Pistola automáticas

Miembros del BUF muertos: 3

Detenciones: Un borracho, un carterista y un comerciante enfadado