miércoles, 30 de julio de 2025

Santiago Carrillo en la VBCW

Infancia y Primeros Pasos en la Política


La vida de Santiago Carrillo comenzó en la apacible Asturias, pero la tranquilidad de su primera infancia se vio truncada en 1924 cuando el destino empujó a su familia hacia el bullicioso Madrid. Se establecieron en Cuatro Caminos, un barrio obrero donde las estrecheces económicas eran una constante. Las magras asignaciones de las organizaciones obreras, apenas suficientes para cubrir las necesidades básicas de una familia con cinco hijos, marcaban el día a día.

A pesar de las dificultades, Santiago tuvo la oportunidad de ingresar en el Grupo Escolar Cervantes, una institución ligada a la vanguardista Institución Libre de Enseñanza. Destacó en la primaria y fue seleccionado para cursar Bachillerato, un sueño que se desvaneció abruptamente. La falta de recursos para costear los derechos de examen le obligó a abandonar los estudios y a sumergirse en el mundo laboral como aprendiz en una imprenta.

Fue en este entorno donde su conciencia política comenzó a germinar. Poco después, se afilió a las Juventudes Socialistas de España (JJ. SS.) y a la UGT, dando sus primeros pasos en un camino que definiría su vida.

En 1930, con apenas quince años, su pluma encontró voz en las páginas de El Socialista. Su talento no pasó desapercibido, y el 14 de abril de 1931, con la proclamación de la República, se le encomendó la vital tarea de la información parlamentaria. Allí, el joven Carrillo se codeó con figuras de la talla de Víctor de La Serna y Manuel Azaña, aprendiendo los entresijos del periodismo político en primera línea.

Desde sus inicios, Santiago Carrillo se alineó con la minoría revolucionaria del partido socialista, una facción enfrentada a la corriente reformista dominante. Su agudeza analítica y su facilidad dialéctica lo hicieron destacar rápidamente. Desde la dirección de Renovación, la revista de las JJ.SS., defendió con pasión sus ideas revolucionarias, sembrando la semilla de la inconformidad en el seno de las Juventudes.

En 1934, su ascenso fue meteórico, siendo nombrado secretario de las Juventudes Socialistas. En un PSOE dividido entre reformistas como Besteiro y Prieto, y revolucionarios liderados por el carismático Largo Caballero (conocido como el «Lenin español»), Carrillo encontró su lugar junto a este último, forjando una estrecha colaboración.

Convencido de la necesidad de unificar las fuerzas obreras, Santiago Carrillo impulsó con ahínco la unidad de acción entre las Juventudes Socialistas y Comunistas. Su visión se materializó en convocatorias conjuntas de manifestaciones y mítines, uniendo voces en una sola dirección.

Su compromiso lo llevó a participar activamente en la Revolución de 1934, una experiencia que lo condujo a prisión. Compartió celda con Largo Caballero, su propio padre y numerosos líderes socialistas. Fue durante este encierro cuando comenzó a distanciarse de las posturas de Largo Caballero, considerándolas demasiado moderadas para el momento histórico que se vivía. La libertad llegó con la victoria del Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero de 1936.

Apenas salió de prisión, la Internacional Comunista en España le tendió la mano, organizando un trascendental viaje a Moscú junto a las direcciones de las JJ.SS. y JJ.CC. para negociar su unificación. En la capital soviética, Santiago Carrillo quedó deslumbrado por la revolución triunfante. Las JJ.SS. y JJ.CC., ya ideológicamente afines, sellaron acuerdos para la creación de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). A su regreso a España, y a pesar de la oposición inicial de algunos miembros de la dirección, la unificación se impuso con una fuerza imparable. Este proceso no solo consolidó la nueva organización, sino que provocó un crecimiento espectacular, alcanzando los 200.000 afiliados.



La Guerra Civil Española


La sublevación militar del 18 de julio encontró a Santiago Carrillo en París, pero su reacción fue inmediata. Regresó a España cruzando la frontera por Irún y, ya en San Sebastián, se incorporó al ejército republicano. Participó en el asalto a un hotel ocupado por los rebeldes y partió con una columna hacia Aguilar de Campo, con la intención de avanzar hacia Madrid. Aunque no lograron su objetivo, combatió durante varias semanas en los montes de Ubide, cerca de Bilbao. Posteriormente, regresó a Francia para entrar por la frontera catalana y finalmente regresar a Madrid, donde, con el grado de capitán, luchó en el frente de la sierra.

Desde estos primeros compases del conflicto, las Juventudes Socialistas Unificadas demostraron una actividad frenética. Estuvieron presentes en todas las unidades y en todos los frentes, con miles de jóvenes encuadrándose en sus filas para combatir la sublevación.

La Defensa de Madrid

Durante el mes de octubre de 1936, las fuerzas rebeldes avanzaban inexorablemente hacia Madrid. El 6 de noviembre, se encontraban a las puertas de la capital. El gobierno, dando por perdida la ciudad, se trasladó precipitadamente a Valencia, dejando apenas dos sobres: uno para el General Miaja, con instrucciones para organizar la defensa de Madrid, y otro para el General Pozas, para que trasladara el cuartel general del ejército lejos de una ciudad que, preveían, caería en manos enemigas.

Ese mismo día, en un acto de profundo compromiso, Santiago Carrillo se afilió al Partido Comunista de España.

Inmediatamente, se constituyó la Junta de Defensa de Madrid. La Junta sesionó hasta altas horas de la noche, con la urgente misión de impedir que las tropas rebeldes, atrincheradas en la Casa de Campo, irrumpieran en la ciudad. Santiago Carrillo fue nombrado Consejero de Orden Público, una responsabilidad colosal. La Junta desconocía las fuerzas con las que contaba, que sabían insuficientes y mal pertrechadas. Su tarea era titánica: reclutar y organizar a la población, mantener la estructura de una ciudad desbordada por los campesinos refugiados, y sostener la moral de una población que sabía que el gobierno los había abandonado. Además, debían impedir, en la medida de lo posible, que la caída de la ciudad incrementara el potencial ofensivo del ejército rebelde.

El 24 de diciembre de 1936, con el frente en Madrid ya estabilizado, Santiago Carrillo abandonó la Junta de Defensa para volcarse por completo en la dirección política de las JSU. En 1937, su influencia creció aún más al pasar a formar parte del buró político del PCE como miembro suplente.

Durante la guerra, Carrillo acató con férrea disciplina todas las directrices de la dirección del partido. No planteó discrepancias de importancia y asumió plenamente las consignas de la Internacional Comunista, demostrando una lealtad inquebrantable a la causa.


(What If?)  Un Giro Inesperado


Al comienzo de la primavera de 1938, la Internacional Comunista, consciente de la excepcional capacidad de Santiago Carrillo para reclutar y organizar, decidió asignarle una nueva misión. A bordo de un viejo carguero de bandera francesa, Carrillo fue enviado a Liverpool, con el objetivo de colaborar en la organización del Estado Libre de Liverpool.

Sin embargo, durante la travesía por el mar de Irlanda, el barco sufrió graves daños, obligándolos a buscar refugio en Belfast. Allí, Carrillo contactó con un estibador, un simpatizante del partido comunista y veterano de la Guerra Civil Española, quien se convirtió en su enlace vital.

Siguiendo las nuevas órdenes de la Internacional Comunista, Santiago Carrillo se estableció en Dundalk, a la espera de poder cruzar a Liverpool y cumplir su misión original. No obstante, en las semanas siguientes, mientras se reunía con comunistas de ambos lados de la frontera irlandesa, su misión dio un giro radical. El Comintern decidió que debía permanecer en Irlanda y ayudar en la organización de una fuerza de combate en Irlanda del Norte.

Su contacto con varios líderes del movimiento obrero lo llevó a proponer una audaz medida: la separación en dos del Partido Comunista Irlandés. El Comintern dio su aprobación, y así nació el Partido Comunista de Irlanda del Norte.

Esta escisión, sumada al éxito de las tropas comunistas en otras latitudes, provocó una movilización masiva. Numerosos trabajadores, dejando a un lado sus diferencias religiosas, se unieron a los miembros más radicales del Partido Laborista Norirlandés bajo la bandera del recién formado Partido Comunista de Irlanda del Norte (Communist Party of Northern Ireland). Un capítulo inesperado en la vida de un hombre destinado a la historia.

A principio de Junio, el Partido, decide un nuevo destino para él. Es necesario que viaje a Milford Heaven, el partido comunista está reuniendo tropas y recursos en el enclave socialista Gales. En un principio es su posición más estable en el sur de las islas y con la llegada del destructor  español, José Luis Diez, es necesario un enlace de su experiencia para coordinar las acciones con la reciente adquisición  de la marina Socialista. 

Así el 14 de junio llega camuflado en un pequeño buque de pesca al puerto, y pronto se le asignara una misión un poco más la sur. 




miércoles, 16 de julio de 2025

La Trinchera de Heno - Batalla de Hasguard

 16/06/1938. Afueras de Hasguard.

El sol del verano de 1938 cubría los campos  que rodeaban Hasguard, un pequeño asentamiento en Gales. Pero el aire ya vibraba con la promesa de la violencia. En el horizonte, el granero de la finca “Glasdir”, una gran estructura de madera oscura que pronto se convertiría en el centro de la lucha. 

Las milicias socialistas, en plena ofensiva contra las posiciones del BUF en la zona, habían identificado el granero como un punto estratégico vital para sus operaciones costeras. A primera hora de la mañana, los fascistas del British Union of Fascists (BUF) ya habían establecido una fuerte guarnición en la zona, montando puestos de observación.

El sargento Iwan, con el rostro curtido por el viento del mar, observaba el granero a través de sus binoculares. "Ahí están, atrincherados como ratas", masculló, ajustándose la correa de su fusil Lee-Enfield. "Pero ese granero debe ser nuestro y lo tomaremos cueste lo que cueste." Sus palabras eran un eco de la determinación que se leía en los ojos de los milicianos, muchos de ellos mineros que habían cambiado la piqueta por el fusil en defensa de una sociedad más justa.

El rugido de motores en la distancia anunció el asalto. Un puñado de socialistas, uniformados con ropas de trabajo y armados hasta los dientes, avanzaban por los caminos cubiertos de hierba, hasta llegar al granero. El BUF respondió con ráfagas de ametralladora, barriendo las líneas enemigas y obligándolos a buscar cobertura entre los setos y las cercas de piedra de madera.


El asalto socialista fue brutal y decisivo. Los gritos de “¡No Pasarán!” se mezclaban con los de “¡Britain Awake!”, en un coro ensordecedor de odio y desesperación. Los fascistas,  asaltaron la granja, el combate era mortal. Desde las troneras improvisadas en las paredes de madera, los fusileros socialistas apuntaban con precisión mortal, mientras los que manejaban las pocas ametralladoras disponibles cubrían de plomo  el avance enemigo.

El granero, antes un pacífico almacén de grano, se había transformado en un matadero. Cuerpos sin vida de ambos bandos yacían esparcidos por el suelo cubierto de heno, la sangre tiñendo el amarillo de la paja y las astillas de madera. El aire era denso con el olor a pólvora, sudor y muerte.

Dos tanques Panzer I del BUF, adquiridos en secreto del régimen alemán y transportado en las entrañas de un barco hasta algún puerto cercano, irrumpió en el campo de batalla para intentar romper el asedio socialista. Sus ametralladora gemela comenzaron a escupir balas, forzando a los socialistas a agacharse.

Sin embargo, los socialistas no estaban indefensos ante el blindaje. Desde una posición oculta, un vehículo blindado soviético Ba-10, contrabandeado a través del canal de la Mancha y remendado por los mecánicos milicianos en talleres clandestinos, se movió sigilosamente entre las sombras de la llanura. Tras hostigar de forma eficaz a los milicianos del BUF, El cabo Dafydd, un antiguo herrero convertido en artillero, se aferraba al cañón de 45 mm del Ba-10. “¡Objetivo a la vista!”, gritó, sus ojos fijos en el Panzer I.

Un estruendo sordo rompió el fragor de la batalla. El proyectil del Ba-10, disparado con precisión milimétrica, impactó de lleno en el compartimento del motor del Panzer I. Una explosión masiva sacudió el aire, seguida de una bola de fuego que envolvió el tanque. El Panzer I, ahora una carcasa humeante y retorcida, quedó inmóvil. El calor del fuego del tanque hizo crujir la madera del granero cercano, levantando columnas de humo.

Sin tiempo para pensar giro si torreta y volvio a disparar sobre el otro carro. Está vez la coraza paro el impacto. 

Pero ese impacto fue la gota que colmó el vaso para el BUF. La moral se desmoronó, y los supervivientes del BUF se desorganizarón. El silencio, un silencio sepulcral, comenzó a instalarse lentamente en el campo de batalla, roto solo por los gemidos de los heridos y el crujir de las llamas del tanque.

En el interior del granero, el grupo de mando socialista, liderado por el sargento Iwan, se mantenía en pie. Agotados, sucios de pólvora y sangre, pero victoriosos. A su alrededor, el granero era una escena dantesca: pacas de heno destrozadas, tablas de madera rotas, fusiles abandonados y el silencio de los muertos. Las bajas eran numerosas en ambos bandos, un testimonio mudo de la ferocidad del combate. Pero el granero era suyo. Lo habían tomado con sus vidas, y en medio del caos y la desolación, un tenue hilo de esperanza se aferraba a la idea de que habían ganado no solo una batalla, sino un pequeño fragmento de su Gales socialista.

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Bajas Socialistas- 2*milicias, 1 Regulares 

PV Socialistas- 12 PV+ 5 PV= 17 PV

Bajas BUF-  Hq milicias, 2*milicias,  Pz I

PV BUF- 10 PV