viernes, 29 de agosto de 2025

Una Breve Historia de Oswald Haka

En 1938,  cuando las ideologías chocaban como frentes de tormenta sobre Europa, la costa de Somerset se convirtió en un susurrante teatro de intrigas. Aquí, al mando del "Comando Costero de Bridgewater" de la Unión Británica de Fascistas (BUF), se encontraba un hombre cuya reputación era tan afilada y oscura como el uniforme que vestía: el Comandante Oswald Haka.

La Gran Guerra no forjó a Haka en el barro y el fuego de las trincheras; lo moldeó en la fría sombra que el conflicto proyectó sobre su infancia. Nacido en 1908, sus primeros recuerdos eran de un mundo en penumbra: las listas de bajas leídas en la plaza del pueblo, el rostro tenso de su madre cada vez que llegaba el cartero y, finalmente, la notificación oficial de que su padre, un hombre al que apenas recordaba, había caído en el frente. La guerra, para el niño Oswald, no fue una aventura heroica, sino una lección brutal sobre el fracaso de una generación de líderes que habían llevado a la nación al matadero.

Esta convicción se endureció durante su juventud. Era un estudiante brillante, pero distante, con una mente que se deleitaba con la lógica de la estrategia y la historia militar. Devoraba libros sobre grandes generales y tácticas, viendo en ellos el orden y el propósito que faltaban en el mundo que lo rodeaba. Mientras sus compañeros hablaban de cricket y de chicas, Haka veía a una Gran Bretaña débil, gobernada por los mismos políticos ineptos que habían sacrificado a su padre.

A principios de la década de 1930, encontró la voz que daba forma a su resentimiento en los discursos de Oswald Mosley. La visión del BUF de una nación renacida, disciplinada y poderosa, libre de la parálisis parlamentaria, fue una revelación. Aquí estaba la acción decisiva que anhelaba. La estructura paramilitar del B.U.F. le ofrecía un camino más rápido y meritorio que el ejército regular, y su inteligencia calculadora le aseguró un ascenso meteórico.

Como comandante del Comando Costero de Bridgewater, Haka transformó la apacible costa de Somerset en su tablero de ajedrez personal. Su misión, tal como él la definía, era proteger las vulnerables costas de Inglaterra de las "infecciones" ideológicas que se extendían por el continente. Su uniforme negro, siempre impecable, y su rostro impasible, se convirtieron en un símbolo de la nueva y férrea autoridad en la región.

No llevaba armas por hábito, sino con un propósito deliberado. Colgada de su cinturón llevaba una pesada pistola. Representaba la fuerza y el sacrificio de una generación que él creía que había sido traicionada. Para Haka, llevarla era reclamar ese poder malgastado, con la promesa de que él lo empuñaría con la claridad y la determinación que a los líderes anteriores les había faltado. 

Era el legado de un niño que había visto un imperio de luto y había jurado construir uno de acero en su lugar.

…….....




viernes, 1 de agosto de 2025

Pelea en las nubes

 16/06/1938. Desembocadura del río Parrett, Somerset.

Los motores del Polikarpov R-5 rugían bajo la capa de nubes, una sinfonía de poder y determinación. A los mandos, A. Gordon, con sus ojos escrutando el horizonte. Detrás de él, H. Tripper, su observador, revisaba la cámara fotográfica, un ingenio mecánico tan vital como sus propias vidas. Su misión era simple, pero letal: encontrar y fotografiar un submarino enemigo cerca de la costa, un fantasma de acero que sembraba el terror en las rutas de navegación.

Mientras se acercaban al punto de referencia, Tripper de repente gritó: "¡Gordon, a las 2! ¡Aviones enemigos!"

Gordon giró la cabeza justo a tiempo para ver dos siluetas oscuras emerger de las nubes. Eran dos Messerschmitt Bf-109, los depredadores del aire, con sus distintivas cruces negras pintadas en las alas. Sin pensarlo dos veces, Gordon ascendió con  su biplano, evitando una ráfaga de ametralladora que pasó silbando a su lado. El aire se llenó del sonido de las balas, como un enjambre de avispas enfurecidas.

"¡Prepara la camara, Tripper!" ordenó Gordon. "¡Tengo que llegar al objetivo!"

Tripper se aferró a la ametralladora del avión, disparando sobre su enemigo. Un segundo Bf-109 se puso detrás de ellos, y las balas rasgaron la tela del Polikarpov. Tripper activó la cámara, capturando las imágenes justo antes de sentir un dolor agudo en el costado. El impacto de una bala le hizo gritar.

"¡Tripper!" gritó Gordon, su voz llena de pánico.

El Polikarpov se sacudió violentamente, el motor fallando por unos instantes. Gordon reaccionó instintivamente, empujando el biplano hacia arriba, buscando refugio entre las nubes. El Bf-109, confundidos, le dispararon sus últimas ráfagas, pero el Polikarpov R-5 desapareció en la blancura.

En el silencio de la niebla, Gordon luchó por mantener el control del avión. Su mente estaba fija en Tripper, herido y sangrando en el asiento trasero. Miró hacia atrás, pero solo pudo ver la figura inerte de su amigo.

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Aviación RSMH- 12 PV, observador herido. Fotografía tomadas.

Aviación BUF-6PV

miércoles, 30 de julio de 2025

Santiago Carrillo en la VBCW

Infancia y Primeros Pasos en la Política


La vida de Santiago Carrillo comenzó en la apacible Asturias, pero la tranquilidad de su primera infancia se vio truncada en 1924 cuando el destino empujó a su familia hacia el bullicioso Madrid. Se establecieron en Cuatro Caminos, un barrio obrero donde las estrecheces económicas eran una constante. Las magras asignaciones de las organizaciones obreras, apenas suficientes para cubrir las necesidades básicas de una familia con cinco hijos, marcaban el día a día.

A pesar de las dificultades, Santiago tuvo la oportunidad de ingresar en el Grupo Escolar Cervantes, una institución ligada a la vanguardista Institución Libre de Enseñanza. Destacó en la primaria y fue seleccionado para cursar Bachillerato, un sueño que se desvaneció abruptamente. La falta de recursos para costear los derechos de examen le obligó a abandonar los estudios y a sumergirse en el mundo laboral como aprendiz en una imprenta.

Fue en este entorno donde su conciencia política comenzó a germinar. Poco después, se afilió a las Juventudes Socialistas de España (JJ. SS.) y a la UGT, dando sus primeros pasos en un camino que definiría su vida.

En 1930, con apenas quince años, su pluma encontró voz en las páginas de El Socialista. Su talento no pasó desapercibido, y el 14 de abril de 1931, con la proclamación de la República, se le encomendó la vital tarea de la información parlamentaria. Allí, el joven Carrillo se codeó con figuras de la talla de Víctor de La Serna y Manuel Azaña, aprendiendo los entresijos del periodismo político en primera línea.

Desde sus inicios, Santiago Carrillo se alineó con la minoría revolucionaria del partido socialista, una facción enfrentada a la corriente reformista dominante. Su agudeza analítica y su facilidad dialéctica lo hicieron destacar rápidamente. Desde la dirección de Renovación, la revista de las JJ.SS., defendió con pasión sus ideas revolucionarias, sembrando la semilla de la inconformidad en el seno de las Juventudes.

En 1934, su ascenso fue meteórico, siendo nombrado secretario de las Juventudes Socialistas. En un PSOE dividido entre reformistas como Besteiro y Prieto, y revolucionarios liderados por el carismático Largo Caballero (conocido como el «Lenin español»), Carrillo encontró su lugar junto a este último, forjando una estrecha colaboración.

Convencido de la necesidad de unificar las fuerzas obreras, Santiago Carrillo impulsó con ahínco la unidad de acción entre las Juventudes Socialistas y Comunistas. Su visión se materializó en convocatorias conjuntas de manifestaciones y mítines, uniendo voces en una sola dirección.

Su compromiso lo llevó a participar activamente en la Revolución de 1934, una experiencia que lo condujo a prisión. Compartió celda con Largo Caballero, su propio padre y numerosos líderes socialistas. Fue durante este encierro cuando comenzó a distanciarse de las posturas de Largo Caballero, considerándolas demasiado moderadas para el momento histórico que se vivía. La libertad llegó con la victoria del Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero de 1936.

Apenas salió de prisión, la Internacional Comunista en España le tendió la mano, organizando un trascendental viaje a Moscú junto a las direcciones de las JJ.SS. y JJ.CC. para negociar su unificación. En la capital soviética, Santiago Carrillo quedó deslumbrado por la revolución triunfante. Las JJ.SS. y JJ.CC., ya ideológicamente afines, sellaron acuerdos para la creación de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). A su regreso a España, y a pesar de la oposición inicial de algunos miembros de la dirección, la unificación se impuso con una fuerza imparable. Este proceso no solo consolidó la nueva organización, sino que provocó un crecimiento espectacular, alcanzando los 200.000 afiliados.



La Guerra Civil Española


La sublevación militar del 18 de julio encontró a Santiago Carrillo en París, pero su reacción fue inmediata. Regresó a España cruzando la frontera por Irún y, ya en San Sebastián, se incorporó al ejército republicano. Participó en el asalto a un hotel ocupado por los rebeldes y partió con una columna hacia Aguilar de Campo, con la intención de avanzar hacia Madrid. Aunque no lograron su objetivo, combatió durante varias semanas en los montes de Ubide, cerca de Bilbao. Posteriormente, regresó a Francia para entrar por la frontera catalana y finalmente regresar a Madrid, donde, con el grado de capitán, luchó en el frente de la sierra.

Desde estos primeros compases del conflicto, las Juventudes Socialistas Unificadas demostraron una actividad frenética. Estuvieron presentes en todas las unidades y en todos los frentes, con miles de jóvenes encuadrándose en sus filas para combatir la sublevación.

La Defensa de Madrid

Durante el mes de octubre de 1936, las fuerzas rebeldes avanzaban inexorablemente hacia Madrid. El 6 de noviembre, se encontraban a las puertas de la capital. El gobierno, dando por perdida la ciudad, se trasladó precipitadamente a Valencia, dejando apenas dos sobres: uno para el General Miaja, con instrucciones para organizar la defensa de Madrid, y otro para el General Pozas, para que trasladara el cuartel general del ejército lejos de una ciudad que, preveían, caería en manos enemigas.

Ese mismo día, en un acto de profundo compromiso, Santiago Carrillo se afilió al Partido Comunista de España.

Inmediatamente, se constituyó la Junta de Defensa de Madrid. La Junta sesionó hasta altas horas de la noche, con la urgente misión de impedir que las tropas rebeldes, atrincheradas en la Casa de Campo, irrumpieran en la ciudad. Santiago Carrillo fue nombrado Consejero de Orden Público, una responsabilidad colosal. La Junta desconocía las fuerzas con las que contaba, que sabían insuficientes y mal pertrechadas. Su tarea era titánica: reclutar y organizar a la población, mantener la estructura de una ciudad desbordada por los campesinos refugiados, y sostener la moral de una población que sabía que el gobierno los había abandonado. Además, debían impedir, en la medida de lo posible, que la caída de la ciudad incrementara el potencial ofensivo del ejército rebelde.

El 24 de diciembre de 1936, con el frente en Madrid ya estabilizado, Santiago Carrillo abandonó la Junta de Defensa para volcarse por completo en la dirección política de las JSU. En 1937, su influencia creció aún más al pasar a formar parte del buró político del PCE como miembro suplente.

Durante la guerra, Carrillo acató con férrea disciplina todas las directrices de la dirección del partido. No planteó discrepancias de importancia y asumió plenamente las consignas de la Internacional Comunista, demostrando una lealtad inquebrantable a la causa.


(What If?)  Un Giro Inesperado


Al comienzo de la primavera de 1938, la Internacional Comunista, consciente de la excepcional capacidad de Santiago Carrillo para reclutar y organizar, decidió asignarle una nueva misión. A bordo de un viejo carguero de bandera francesa, Carrillo fue enviado a Liverpool, con el objetivo de colaborar en la organización del Estado Libre de Liverpool.

Sin embargo, durante la travesía por el mar de Irlanda, el barco sufrió graves daños, obligándolos a buscar refugio en Belfast. Allí, Carrillo contactó con un estibador, un simpatizante del partido comunista y veterano de la Guerra Civil Española, quien se convirtió en su enlace vital.

Siguiendo las nuevas órdenes de la Internacional Comunista, Santiago Carrillo se estableció en Dundalk, a la espera de poder cruzar a Liverpool y cumplir su misión original. No obstante, en las semanas siguientes, mientras se reunía con comunistas de ambos lados de la frontera irlandesa, su misión dio un giro radical. El Comintern decidió que debía permanecer en Irlanda y ayudar en la organización de una fuerza de combate en Irlanda del Norte.

Su contacto con varios líderes del movimiento obrero lo llevó a proponer una audaz medida: la separación en dos del Partido Comunista Irlandés. El Comintern dio su aprobación, y así nació el Partido Comunista de Irlanda del Norte.

Esta escisión, sumada al éxito de las tropas comunistas en otras latitudes, provocó una movilización masiva. Numerosos trabajadores, dejando a un lado sus diferencias religiosas, se unieron a los miembros más radicales del Partido Laborista Norirlandés bajo la bandera del recién formado Partido Comunista de Irlanda del Norte (Communist Party of Northern Ireland). Un capítulo inesperado en la vida de un hombre destinado a la historia.

A principio de Junio, el Partido, decide un nuevo destino para él. Es necesario que viaje a Milford Heaven, el partido comunista está reuniendo tropas y recursos en el enclave socialista Gales. En un principio es su posición más estable en el sur de las islas y con la llegada del destructor  español, José Luis Diez, es necesario un enlace de su experiencia para coordinar las acciones con la reciente adquisición  de la marina Socialista. 

Así el 14 de junio llega camuflado en un pequeño buque de pesca al puerto, y pronto se le asignara una misión un poco más la sur. 




miércoles, 16 de julio de 2025

La Trinchera de Heno - Batalla de Hasguard

 16/06/1938. Afueras de Hasguard.

El sol del verano de 1938 cubría los campos  que rodeaban Hasguard, un pequeño asentamiento en Gales. Pero el aire ya vibraba con la promesa de la violencia. En el horizonte, el granero de la finca “Glasdir”, una gran estructura de madera oscura que pronto se convertiría en el centro de la lucha. 

Las milicias socialistas, en plena ofensiva contra las posiciones del BUF en la zona, habían identificado el granero como un punto estratégico vital para sus operaciones costeras. A primera hora de la mañana, los fascistas del British Union of Fascists (BUF) ya habían establecido una fuerte guarnición en la zona, montando puestos de observación.

El sargento Iwan, con el rostro curtido por el viento del mar, observaba el granero a través de sus binoculares. "Ahí están, atrincherados como ratas", masculló, ajustándose la correa de su fusil Lee-Enfield. "Pero ese granero debe ser nuestro y lo tomaremos cueste lo que cueste." Sus palabras eran un eco de la determinación que se leía en los ojos de los milicianos, muchos de ellos mineros que habían cambiado la piqueta por el fusil en defensa de una sociedad más justa.

El rugido de motores en la distancia anunció el asalto. Un puñado de socialistas, uniformados con ropas de trabajo y armados hasta los dientes, avanzaban por los caminos cubiertos de hierba, hasta llegar al granero. El BUF respondió con ráfagas de ametralladora, barriendo las líneas enemigas y obligándolos a buscar cobertura entre los setos y las cercas de piedra de madera.


El asalto socialista fue brutal y decisivo. Los gritos de “¡No Pasarán!” se mezclaban con los de “¡Britain Awake!”, en un coro ensordecedor de odio y desesperación. Los fascistas,  asaltaron la granja, el combate era mortal. Desde las troneras improvisadas en las paredes de madera, los fusileros socialistas apuntaban con precisión mortal, mientras los que manejaban las pocas ametralladoras disponibles cubrían de plomo  el avance enemigo.

El granero, antes un pacífico almacén de grano, se había transformado en un matadero. Cuerpos sin vida de ambos bandos yacían esparcidos por el suelo cubierto de heno, la sangre tiñendo el amarillo de la paja y las astillas de madera. El aire era denso con el olor a pólvora, sudor y muerte.

Dos tanques Panzer I del BUF, adquiridos en secreto del régimen alemán y transportado en las entrañas de un barco hasta algún puerto cercano, irrumpió en el campo de batalla para intentar romper el asedio socialista. Sus ametralladora gemela comenzaron a escupir balas, forzando a los socialistas a agacharse.

Sin embargo, los socialistas no estaban indefensos ante el blindaje. Desde una posición oculta, un vehículo blindado soviético Ba-10, contrabandeado a través del canal de la Mancha y remendado por los mecánicos milicianos en talleres clandestinos, se movió sigilosamente entre las sombras de la llanura. Tras hostigar de forma eficaz a los milicianos del BUF, El cabo Dafydd, un antiguo herrero convertido en artillero, se aferraba al cañón de 45 mm del Ba-10. “¡Objetivo a la vista!”, gritó, sus ojos fijos en el Panzer I.

Un estruendo sordo rompió el fragor de la batalla. El proyectil del Ba-10, disparado con precisión milimétrica, impactó de lleno en el compartimento del motor del Panzer I. Una explosión masiva sacudió el aire, seguida de una bola de fuego que envolvió el tanque. El Panzer I, ahora una carcasa humeante y retorcida, quedó inmóvil. El calor del fuego del tanque hizo crujir la madera del granero cercano, levantando columnas de humo.

Sin tiempo para pensar giro si torreta y volvio a disparar sobre el otro carro. Está vez la coraza paro el impacto. 

Pero ese impacto fue la gota que colmó el vaso para el BUF. La moral se desmoronó, y los supervivientes del BUF se desorganizarón. El silencio, un silencio sepulcral, comenzó a instalarse lentamente en el campo de batalla, roto solo por los gemidos de los heridos y el crujir de las llamas del tanque.

En el interior del granero, el grupo de mando socialista, liderado por el sargento Iwan, se mantenía en pie. Agotados, sucios de pólvora y sangre, pero victoriosos. A su alrededor, el granero era una escena dantesca: pacas de heno destrozadas, tablas de madera rotas, fusiles abandonados y el silencio de los muertos. Las bajas eran numerosas en ambos bandos, un testimonio mudo de la ferocidad del combate. Pero el granero era suyo. Lo habían tomado con sus vidas, y en medio del caos y la desolación, un tenue hilo de esperanza se aferraba a la idea de que habían ganado no solo una batalla, sino un pequeño fragmento de su Gales socialista.

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Bajas Socialistas- 2*milicias, 1 Regulares 

PV Socialistas- 12 PV+ 5 PV= 17 PV

Bajas BUF-  Hq milicias, 2*milicias,  Pz I

PV BUF- 10 PV


lunes, 30 de junio de 2025

El templo maldito

16/06/1938. En algún lugar del Punjab

 Los gritos, agudos y desesperados, rasgaron la pesada niebla. Eran los gritos de una mujer, y el sonido les hizo helar la sangre.

"¡Por aquí!", exclamó Vikram, empuñando su cuchillo. Sin dudarlo, los tres corrieron hacia el origen del lamento, la neblina envolviéndolos. 

Llegaron a la entrada de lo que parecía ser un templo antiguo, sus contornos borrosos por la densidad del vapor. El hedor a moho invadió sus fosas nasales. Sin pensarlo dos veces, se adentraron en la oscuridad húmeda. La niebla, en el interior, era incluso más densa, como si el propio edificio la generara.

"¡Ahí!", gritó Atkins, su voz resonando en el silencio opresivo. En medio de la penumbra, una figura femenina se vislumbraba débilmente. Apenas habían dado unos pasos cuando un crujido espantoso resonó por encima de ellos. Una columna masiva, corroída por el tiempo y la humedad, se desprendió del techo. Con un instinto primario, Atkins tiró de Sardar, esquivando por poco el impacto mortal. La columna se estrelló contra el suelo, levantando una nube de polvo y escombros.

Continuaron avanzando cautelosamente hasta la siguiente sala. La visión que los recibió fue grotesca: un ser delgado y deforme, un bad-nasib, se abalanzó sobre ellos con un aullido gutural, blandiendo una gran guadaña. 

Antes de que Atkins pudiera siquiera levantar su revólver, Sardar, con una agilidad sorprendente, se lanzó hacia adelante, su propio cuchillo brillando en la penumbra. Con un movimiento rápido y certero, Sardar le clavó la hoja, y la criatura se desplomó con un último estertor, disolviéndose en la bruma.

Sin detenerse, avanzaron a la siguiente cámara. Aquí, la visión era aún más inquietante. La mujer estaba sobre una piedra ceremonial, dos bad-nasib más la rodeaban, sus formas retorcidas y amenazantes. El suelo de la sala estaba inundado con un líquido oscuro, y una capa densa de cenizas blancas flotaba sobre la superficie, dándole un aspecto espectral.

"¡Fuego!", gritó Atkins, levantando su revólver. Él y Sardar abrieron fuego casi al unísono. Los disparos resonaron en la sala, y los dos bad-nasib, alcanzados, se desmoronaron.

La mujer, liberada de su terror, se desvaneció. Con un chapoteo, cayó. Atkins y Vikram corrieron para ayudarla, pero antes de que pudieran alcanzarla, la superficie del agua burbujeó violentamente. Un par de ojos amarillos y reptilianos emergieron, seguidos por un morro enorme y dentado. Un cocodrilo gigantesco se lanzó contra ellos, con la furia de una bestia antigua.

El cocodrilo atacó sin piedad. Sus fauces se cerraron alrededor de Sardar, que gritó de dolor. Con una fuerza desesperada, Sardar logró clavarle su cuchillo en el flanco, pero era inútil. Las mandíbulas de la criatura se apretaron, y un último grito ahogado escapó de los labios de Sardar antes de que su cuerpo inerte se sumergiera en las aguas turbias.

La furia se apoderó de Atkins y Vikram. Ignorando el peligro, se abalanzaron sobre el cocodrilo. Atkins disparó su revólver repetidamente contra la cabeza de la bestia, mientras Vikram, con su cuchillo en la mano, apuñalaba una y otra vez el cuerpo de la bestia. Finalmente, con un estertor masivo, el cocodrilo se retorció y se quedó quieto, su cuerpo flotando sin vida.

En ese instante, la niebla comenzó a disiparse, revelando la luz tenue del amanecer que se filtraba por las aberturas del templo. El aire se aclaró, y el peso opresivo se levantó. Vikram y Atkins sacaron el cuerpo sin vida de Sardar del agua. Su rostro estaba en paz, pero su ausencia era un puñal en el corazón de Vikram.

"Esa criatura, Capitán," comenzó Vikram, su voz grave mientras la niebla se arremolinaba a su alrededor, "era una Churail.  Son espíritus de mujeres que murieron de forma cruel. Se disfrazan de mujeres hermosas para atraer a los hombres, pero sus pies siempre apuntan hacia atrás, revelando su verdadera naturaleza, usted les llamaría una bruja"

Arrastrando el cuerpo de su amigo, salieron del templo. Afuera, la llanura del Punjab se extendía bajo el sol naciente, como si la noche de horrores nunca hubiera ocurrido. El aire fresco y limpio contrastaba brutalmente con el terror que acababan de vivir.

Encontraron las pocas pertenencias de Sardar. Vikram, con solemnidad, realizó una pequeña ceremonia junto a los altares de piedra, murmurando palabras antiguas que el viento se llevó. Fue un adiós silencioso, un reconocimiento de su espíritu a la tierra que amaba.

Con el corazón apesadumbrado y el cansancio en cada hueso, Atkins y Vikram comenzaron su largo camino de regreso al campamento, dejando atrás el templo, la niebla y los horrores que habían cobrado la vida de Sardar. La llanura, aunque bañada por el sol, ahora parecía guardar secretos aún más profundos y oscuros.

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LRSG- +3 puntos de reputación (Muere Sardar)

Bad-nasib - 0 (3 bajas y "la bruja")

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LRSG: 22 RP

Thomas "Tommy" Atkins. Cynical Gumshoe. 11 RP- 10 RP + 1RP Kirpan(espada).

Sardar Singh. Chief Bearer.  (Baja)

Vikram- Spiritual Custodian- 7 RP- 5 RP + 1RP Cuchillo "La pinza del cangrejo"+ 1 Rifle

Li Wei. Soldier of Fortune. 4 RP

Anria. VIP. 0 RP

2 XP

9(-5) Puntos de Reputación 

sábado, 28 de junio de 2025

Un Asunto Inusual en Otterhampton

16 de junio de 1938

En la pequeña localidad de Otterhampton,  la vida transcurría a un ritmo pausado, y ajena a los combates que ya se libraban en otras partes del pais. El corazón de aquella tranquilidad era la tienda de comestibles de Bob Marley.

El aroma a tabaco de pipa, impregnaba la tienda. Aquella tarde, sin embargo, el aire estaba viciado con el recuerdo metálico de la pólvora del suceso que había ocurrido unas horas antes. 

El comandante Oswald Haka, un oficial del B.U.F cuyo uniforme pulcro parecía fuera de lugar entre los sacos de patatas. Su tono era cortés, casi de disculpa. "Le agradezco su tiempo, señor Kennedy. Entiendo que ha sido una experiencia de lo más desagradable."

Robert Kennedy, un mecanico miembro de B.U.F "Desagradable es quedarse corto, comandante. Me dirigía a comprar un poco de queso cheddar al señor Marley cuando la vi."

Bob Marley, que pulía un vaso con un paño con metódica lentitud, asintió gravemente. "Acababa de venderle un trozo de queso, un pan, patatas y unas manzanas. Esta señora... muy alta, con el pelo largo,  empezó a correr y a saltar, no parecía de este mundo...."

Scooby, un imponente mastín de pelaje oscuro, levantó su pesada cabeza y soltó un leve gemido. Durante el tiroteo, el noble animal no había ladrado; se había limitado a acurrucarse junto a su dueño.

"Era ella, la vi hace unos días, en el camión robado" continuó Kennedy. "La maldita espía comunista. Hice lo que consideré mi deber. Había visto a la patrulla, y les avise lo más rápido que pude"

Haka suspiró. "Una acción correcta y patriótica. Pero las consecuencias... Dos de mis hombres, jóvenes de Somerset, han caído. Y ella se ha esfumado."

El recuerdo era una mancha violenta en la apacible crónica del pueblo. Los soldados llegando, la mujer pelirroja moviéndose,  el estruendo de los disparos que hizo vibrar los estantes 

"Se movía como un zorro en un gallinero, comandante," dijo Robert en voz baja. "Vi cómo uno de sus soldados caía. El otro intentó responder, pero ella ya estaba saltando entre los animales como si nada y volvió a disparar."

El comandante se giró hacia el tendero. "Y usted, señor Marley, ¿observó algo más en medio de la confusión?"

El bigote de Bob se contrajo. "Cuando todo acabó y el pobre Scooby dejó de temblar, lo primero que hice fue mirar mis cajas de licor. Un whisky de las Highlands, de una sola malta, envejecido durante 25 años, que me acababa de llegar del norte. Era la única botella de ese caro licor en toda la tienda." Su voz se quebró ligeramente. "Ha desaparecido."

Haka se quedó mirando la zona por donde había huido, aún podía ver los casquillos de bala en el suelo. El silencio se instaló,  lleno de preguntas sin respuesta. Una agente socialista, dos soldados muertos en un pueblo donde la noticia más emocionante solía ser la feria anual del ganado. Y un ladrona que, en su huida desesperada, se había tomado un instante para robar el bien más preciado de un viejo tendero.

"Curioso," murmuró el comandante, más para sí mismo que para los demás. Se enderezó, abotonándose la chaqueta. "Muy curioso, ciertamente. Parece que nuestra fugitiva tiene un gusto impecable y una sangre fría extraordinaria." Miró a Kennedy y luego a Marley. "Gracias por su colaboración. Señor Marley, lamento la pérdida de su botella. Parece que esta 'Diablesa Roja' no solo comercia con secretos, sino también con los pequeños tesoros del corazón de Inglaterra. Pero no se preocupe, cada vez estamos más cerca de atrapar a esos terroristas. " 


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Bajas: 

B.U.F. : Dos soldados

Puntos:

B.U.F: 4 PV, 1XP, 1 Punto de reputación 

RMSH: 3 PV, 1 Punto de reputación 

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Tripulación:

J. Carter, el doctor Dalton, los mecánicos Drake y Folder, Niguel Torne y "Red Sonja"

Investigación 5

Puntos de Reputacion 14 

8 XP 

Botín: 

Un diario con encuadernación de cuero. 

Un broche de oro.

Un mapa de la carreteras zona.

Una cóctel Molotov.

Una caja con explosivos. 

Comida para un día o dos. 

Una botella vacía de whisky 

El viejo Bob Marley y su fiel mastín

En las la pequeña localidad de Otterhampton, en el condado de Somerset, donde el río Parrett serpentea perezosamente hacia el mar, se encontraba la tienda de comestibles de Bob Marley. 




Un hombre de Somerset de pura cepa, entrado en años en aquel 1938, cuyo rostro estaba adornado por un imponente bigote negro.

La pequeña tienda de Bob era un reflejo del propio hombre: ordenada, tradicional y con un aire de tranquila dignidad. El aroma a tabaco de pipa, cuero y una mezcla de especias y productos secos impregnaba el ambiente. En sus estantes de madera oscura se apilaban latas de conserva, frascos de mermelada casera, sacos de harina y azúcar, y ristras de cebollas que colgaban del techo como rústicas guirnaldas. El negocio de Bob era de los de antes, donde cada cliente era atendido personalmente, su pedido anotado a lápiz en una libreta y los víveres envueltos en papel de estraza.

Pero la verdadera alma de la tienda, además de Bob, era Scooby, un imponente mastín de pelaje oscuro y semblante noble. A pesar de su tamaño, que intimidaba a los forasteros, Scooby era la criatura más dócil que se pudiera imaginar. Pasaba la mayor parte del día tumbado sobre una vieja alfombra de trapo detrás del mostrador, con sus grandes ojos caídos siguiendo el ir y venir de los vecinos. 

La vida en Otterhampton transcurría a un ritmo pausado. Ajenos a los combates que producían en otras partes del país.

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Bob Marley- Working stiff RP-1

Scooby- Attack Dog- RP 1